27 Julio 2026 • Historia

¿Cuánto costaba montar una caseta en 1940? (Y el enfado de la abuela Concha)

Feria de 1940

Detrás de cada caseta de la Feria de Abril de Sevilla hay decenas de historias familiares, recuerdos acumulados y anécdotas inolvidables transmitidas de generación en generación. Hoy os traemos la entrañable historia de la caseta de "Joselito el Gallo 76", un espacio del Real que cumple nada menos que 86 años de vida ininterrumpida.

Los inicios tras la tempestad

Todo empezó en el año 1940, en plena posguerra inmediata. Para reactivar el ánimo y la vida social de Sevilla tras la Guerra Civil, el Ayuntamiento impulsó con fuerza la creación y solicitud de nuevas casetas familiares. Fue entonces cuando el doctor Emilio Serrano Pérez decidió solicitar una licencia municipal. Se la concedieron en el Prado de San Sebastián, asignándole la mítica caseta número 33 de aquella época.

Para acometer la aventura del montaje de forma viable, se unieron 12 matrimonios amigos. Cada familia realizó una aportación inicial de 300 pesetas, una cantidad que representaba un esfuerzo económico considerable para las economías de la posguerra.

Las cuentas y facturas de 1940

De aquella primera e histórica feria de 1940, la familia conserva con sumo cariño facturas increíbles que reflejan los costes de la época:

  • Ocupación municipal: Se pagaban exactamente 55 pesetas por la ocupación de la vía pública del Prado de San Sebastián.
  • Recibo de la luz: Las facturas del consumo de corriente eléctrica para las bombillas.
  • Abastecimiento y salarios: La cuenta exacta y manuscrita de las jarras de vino consumidas y el sueldo de los camareros contratados para la semana.
El verdadero secreto decorativo de la caseta estaba escondido en la propia vivienda del doctor Serrano.

El enfado de la abuela Concha

El abuelo Emilio, gran amante del arte y de los detalles distinguidos, quería que su caseta tuviera el máximo empaque posible. Sin dudarlo, decidió amueblar la caseta del Real vaciando las estancias principales de su propia casa: se llevó al albero las mecedoras finas, espejos dorados y valiosas cornucopias.

Al acabar la Feria, se desató la tormenta familiar. El consiguiente y monumental enfado de la abuela Concha no se hizo esperar al ver en qué deplorables condiciones (llenas de polvo, albero y cera) volvían sus mejores muebles tras una intensa semana de fiesta ininterrumpida en el Prado.

A pesar de aquel gracioso incidente, esa esencia puramente familiar y ese amor por los detalles tradicionales han pasado intactos de abuelos a nietos, logrando mantener viva y activa la caseta de generación en generación hasta el día de hoy.

¿En tu caseta también tenéis algún mueble heredado con historia o alguna anécdota parecida de vuestros abuelos? ¡Cuéntanosla en los comentarios!

*Lee la historia completa y detallada escrita por Emilio Hidalgo Serrano en el portal de referencia histórica cuadernodeprimavera.es

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